Seorimícuaro

By | 02/01/2013

Seorimicuaro


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Seorimícuaro, en los tiempos antiguos eran llamados así a los caballeros que rondaban y protegian los bosques legendarios de Ivernalia donde horribles y espantosas criaturas asolaban la paz y la vida de muchas personas que en vista de estar indefensos, huían siempre en busca de los caballeros Seorimícuaro.

Entre todas las leyendas e historias que rodean a esta noble estirpe de caballeros, los Seorimícuaro guardan muy celosamente un tesoro que no es oro ni plata pero que por su importancia es guardado celosamente y su verdadero origen es desconocido, por lo cual se han tejido muchas historias y especulaciones a través de el.

La leyenda cuenta la historia del primer Seorimícuaro, un hombre común y sencillo que vivió en los confines de la tierra, donde el sur estaba tan lejos del norte y donde aquellos que osaban ya sea por aventura o dinero, visitar estas tierras, simplemente nunca regresaban.

Pero ¿Cómo surgió el primer Seorimícuaro? Todo empieza mucho tiempo atrás cuando los campos todavía eran verdes y la gente vivía feliz. Este hombre tenía una linda esposa y una pequeña niña de dos años, pero hubo un momento que tuvo que hacer un largo viaje a la ciudad para comprar proviciones. Decidió dejar a su esposa pues estaba nuevamente embarazada y al despedirse le dio un beso a su pequeña niña prometiendole que regresaría en dos lunas llenas. El tiempo transcurrió y este hombre regresó, a lo lejos observo su pequeña casa rodeada de los campos verdes. Mientras se acercaba algo dentro de el, algo que invadía todo su ser, era un sentimiento, era un temor tan grande que hacía que aquel hombre contará eterno cada paso mientras se acercaba a aquella casa, a su casa.

Este hombre, el cual ser convertiría en el primer Seorimícuaro confirmó su más grande temor, algo había pasado. Corrió y gritó el nombre de su esposa y de su hija. La casa estaba desordenada, habían cosas en el suelo y todo daba a entender que algo poderoso había hecho todo. Al ser la casa pequeña y no encontrar nada, salió corriendo y gritando casi con locura hasta que encontró los cuerpos de su familia. No lo podía creer, pensó que solo era un pesadilla y que pronto se despertaría, pero esa pesadilla era real.

Este Seorimícuaro pasó siete días junto a las tumbas de su amada esposa e hija. Cuando logró recuperar un poco la cordura, se dio cuenta que la misma suerte habían tenido los demás habitantes del lugar, tanto niños, mujeres y hombres habían perdido la vida a manos de algo que no era humano.

Al ver todo lo que había sucedido, juró que vengaría la muerte de su familia, juró que arrasaría con aquellos que habían destruido todo lo que quería y arrebatado la vida de tanta gente inocente. Pero el era un simple hombre ¿Qué podía hacer? no tenía riquezas para comprar un ejército, no tenía tanta fuerza para doblegar a aquellos seres; pero cuando él era niño su madre le contaba una historia, era solo una historia pero dentro de su corazón algo siempre le dijo que todo era verdad.

Existía un poder tan grande oculto en los confines de la tierra, al sur, muy al sur donde todos aquellos que se embarcaban en la travesía nunca regresaban. Una tierra llena de muerte no por las guerras, sino todos los obstáculos y dificultades que resguardaban aquel poder. Antiguamente varios reyes quisieron obtener esa fuerza, dirigiendo sus ejércitos en expediciones pero no importaba si era solo hombre o miles de ellos, aquella tierra no perdonaba y nadie volvía para contar lo sucedido. Pero su madre le decía “ese poder es tan puro, no es para traer destrucción, es para hacer justicia y traer paz”.

¿Qué tenía que perder si ya lo había perdido todo? Además, algo en su corazón le decía que todo era verdad, pero más que verdad, de su corazón emanaba el deseo de hacer justicia y que a nadie le sucediera lo que a su familia le ocurrió. CONTINUARÁ…

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